Conozca a Maeva

 

País: Camerún

Edad: 5 años

Cirugía: Plástica Reconstructiva

Conozca a Maeva

País: Camerún

Edad: 5 años

Cirugía: Plástica Reconstructiva

Era una tarde soleada y relajada en la aldea. El aire estaba cargado de calor mientras la pequeña Maeva dormía plácidamente en su cuna. Las cortinas bailaban con la brisa y su familia descansaba a la sombra fuera de su casa.

De repente, oyeron unos gritos de dolor estremecedores procedentes de la habitación de su bebé recién nacida.

El hermano de Maeva, de 4 años, había descubierto unos cerillos y estaba jugando con ellos cuando el mosquitero que cubría a su hermanita se incendió. En pocos minutos, el mosquitero quedó envuelto en llamas, atrapando a Maeva y sus gritos de tortura en su interior.

Su familia y los vecinos arrojaron desesperadamente hojas de palmera y arena sobre la bebé para apagar las llamas. Golpearon las llamas con sus abrigos hasta que recuperaron a la bebé que gritaba, y que ahora tenía graves quemaduras en las piernas, el pie y la mano. La llevaron al hospital local, donde le trataron las quemaduras. A su familia le dijeron que tendría que ser operada, una operación que no podían pagar.

A regañadientes, la familia de Maeva la llevó a casa y trató de aliviar su dolor por sí misma. Pero a medida que la pequeña Maeva crecía, la extensión de su piel contraída significaba que probablemente nunca caminaría correctamente ni usaría zapatos, y que necesitaría tratamiento para el dolor durante el resto de su vida. Con el paso de los años, las otras niñas se reían de Maeva mientras ella volvía a casa cojeando y llorando.

Gracias a amigos como tú, Tresor recibió una cirugía que cambió su vida en el Africa Mercy.

“Su único deseo a los 5 años era poder llevar unos zapatos bonitos como los de las demás niñas”, recuerda su abuela, Benedict.

Benedict había ahorrado dinero durante años para poder regalarle a su nieta una cirugía que aliviara su sufrimiento, pero ese sueño a menudo parecía demasiado lejano.

“Su único deseo a los 5 años era poder llevar unos zapatos bonitos como los de las demás niñas”, recuerda su abuela, Benedict.

Cuando Benedict escuchó hablar de Mercy Ships, aprovechó la oportunidad. Desde el día en que llegaron al buque, Benedict le prometió a Maeva que se iría con un par de zapatos nuevos “como las demás chicas”.

“Voy a comprarle un par de zapatos para celebrar cuando haya terminado su estancia aquí”, dijo Benedict, radiante de orgullo. Maeva empezó a soñar con los colores y estilos de zapatillas y sandalias que algún día podría llevar.

Y, tras la operación y varias semanas de rehabilitación a bordo del Africa Mercy, los sueños de Maeva, de 5 años, se hicieron realidad. Recibió su propio par de zapatos… ¡y le quedaban bien!

“Nunca podría haber creído que un día volvería a caminar de la forma en que siempre debió hacerlo”, sonríe Benedict. “Nunca podría haber creído que un día llevaría zapatos como todas las demás niñas, y sin embargo, ¡aquí está!”