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conoce a Elina

País: Madagascar, Africa
Edad: 6
Cirugías: Cirugía Plística

Un camino largo para curarse

Para que Elina se curara bien, sus heridas intensivas tendrían que ser limpiadas y muchas cirugías serían necesarias—incluyendo injertos de piel, terapia física adecuada y una larga rehabilitación serían esenciales. Todos estos factores hicieron que su caso estuviera fuera de lo que Mercy Ships normalmente puede comprometerse debido a restricciones de tiempo. Ría estaba encantada cuando ella pudo comunicarle a Elina y a su mamá que la cirugía fue aprobada. Era el comienzo de un largo camino para curarse.

Elina hizo visitas periódicas al centro de tratamiento ambulatorio del barco para recibir el cuidado apropiado de la herida antes de la cirugía. Después de unos meses, ella sanó lo suficiente para ser admitida al hospital del barco. A través de una serie de cirugías complejas, los cirujanos voluntarios pudieron exitosamente liberar las contracturas e hicieron los injertos de piel, dándole una mejor oportunidad para que ella pudiera mover su brazo, cuello y cabeza normalmente.

de terribles cicatrices, surge un espíritu valiente

El periodo de recuperación tomó meses, pero este tiempo fue especial para todos los involucrados. Mientras Elina trabaja duro para sanar y mejorar su flexibilidad, ella fácilmente logró conquistar los corazones de la tripulación de Mercy Ships. Su espíritu valiente a los seis años de edad dejaría una marca permanente.. “Fue hermoso ver como todos trabajamos juntos desde diferentes áreas para cuidar de ella”, dijo Ría.

Las cicatrices de Elina quedarán, pero afortunadamente le recordarán de la gente que llegó a amarla tanto.

la historia de Jean

Jean nació con piernas muy arqueadas, lo que le causó muchas complicaciones tanto físicas—como emocionales—durante su temprana infancia.

Sus piernas en forma de O le hacían casi imposible caminar normalmente—y mucho menos correr, saltar, patear o jugar. En cambio, los primeros recuerdos de jean son de aislamiento, ridículo y desesperación. Cuando otros niños de su aldea estaban pateando pelotas de fútbol y saltando cuerda, Jean los veía tristemente desde lejos. Nunca le pedían jugar.